
Protectores solares
Para valorar la eficacia de un fotoprotector debemos fijarnos en las siguientes características:
- Su durabilidad en el tiempo conservando las propiedades de fotoprotección.
- La capacidad de fijarse en la piel para una protección duradera.
- Resistencia al agua.
- Fotoestabilidad, que no se degrade por la radiación solar siendo capaz de mantener su actividad.
- Que sean fórmulas sin alérgenos, ni alcohol, ni parabenos, ni fenoxietanoles o siliconas.
- Cosmeticidad, que sea un producto de fácil absorción, no graso y proporcione una sensación de confort.

Las diferentes texturas de los fotoprotectores disponibles en el mercado, y su aplicabilidad, son:
Crema: Su textura es la adecuada para pieles secas, ya que tiene una composición más enriquecida, pero tiene el inconveniente de dejar la piel pesada para pieles grasas. Se puede encontrar con o sin color.
Emulsión: Tiene una textura más ligera y menos untuosa. Se ajusta muy bien a las necesidades de las pieles mixtas y grasas y también se puede encontrar con color.
Gel: Es muy ligero y aporta una sensación de frescor muy agradable. Además, se extiende muy bien. Se absorbe rápidamente y no aporta grasa a la piel. Son adecuadas para pieles mixtas, grasas o con tendencia acné.
Aceite: Este formato es muy adecuado para el uso corporal, no para la cara. Deja un sutil brillo satinado sobre la piel, embelleciéndola y protegiéndola. Existen incluso para protección muy alta.
Leche protectora: Este tipo de protector también tiene una textura suave, pero tiene el inconveniente de no estar recomendado para el rostro. Su uso solo se recomienda a nivel corporal.
Protector Solar Spray y bruma protectora: Se aplican con dispositivos
especiales que dispersan el contenido de forma muy ligera, a modo de bruma, lo
cual se agradece cuando estás en la playa. Por su rapidez en la aplicación, es
el tipo de protector solar más aconsejable para utilizarlo con niños.

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